lunes, 17 de noviembre de 2008

Con más ahínco

Es otra forma de salir de la caja





En busca de la horizontal

viernes, 31 de octubre de 2008

Viaje a Chile

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Queda prohibido


Queda prohibido llorar sin aprender
Levantarte un día sin saber que hacer
Tener miedo a tus recuerdos…

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
No luchar por lo que quieres,
Abandonar todo por miedo,
No convertir en realidad tus sueños, …

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
Pensar que sus vidas valen menos que la tuya
No saber que cada uno tiene su camino y su dicha …

Queda prohibido no crear tu historia,
No tener un momento para la gente que te necesita,
No comprender que lo que la vida te da,
También te lo quita …

Queda prohibido, no buscar tu felicidad
No vivir tu vida con una actitud positiva,
No pensar en que podemos ser mejores,
No sentir que sin ti, este mundo no sería igual

Pablo Neruda

En la vertical de la preocupación y la amistad

durante la preparación del viaje a la otra casa

cuando un agujero se enseñorea del estómago

porque el miedo a lo desconocido es libre e ingobernable

miércoles, 15 de octubre de 2008

En la playa infinita del tiempo


Todos los grandes físicos contemporáneos, desde Albert Einstein a Stephen Hawking, coinciden en que no existiría el tiempo sin la aparición previa del Universo. Por lo tanto, antes de la creación del Universo no existía nada, ni siquiera el tiempo.

Pero la nada es difícilmente concebible. Resulta imposible entender cómo ha surgido la materia de esa nada. Por eso, los filósofos griegos como Parménides creían que el ser era eterno e inmutable, siempre igual a sí mismo en contraposición a ese vacío que es la nada. Si Einstein estaba en lo cierto, el tiempo es consustancial al ser. Marca el comienzo y el final no sólo de las galaxias y las estrellas sino también de los seres humanos que habitamos en el planeta.

La única diferencia es la escala temporal: una estrella existe durante cientos o miles de millones de años, mientras que el lapso de una vida humana es mucho más pequeño. Los científicos sostienen que nuestras células contienen un reloj biológico que determina la duración de la vida.
Todos los seres vivos nacen con una fecha de caducidad que está inscrita en su herencia genética. Estamos, pues, encadenados al puro devenir ya que, como señalaba Kant, el tiempo es una estructura en la que encajamos la percepción de las cosas.

Pero esa percepción está distorsionada por la propia finitud. Sabemos cómo es el mundo en estos momentos y si miramos atrás podemos ampliar la perspectiva a unos pocos siglos, a eso que llamamos la Historia. Pero ello sólo representa una infinitésima parte del tiempo, que, aunque limitado, es inconcebiblemente grande para nuestros sentidos.

Podemos imaginar cómo será el mundo dentro de 50 años, pero no tenemos ni idea de cómo será dentro de 50.000 años, que es un periodo corto en relación a la edad del planeta en el que habitamos.

Por tanto, la perspectiva temporal nos limita extraordinariamente para comprender la realidad que nos rodea y responder a los grandes interrogantes sobre la materia y la vida que el ser humano se plantea desde hace muchos siglos.

Estas reflexiones nos conducen inevitablemente al pesimismo en la medida que tomamos conciencia de que nuestra existencia es como un breve rayo que brilla durante unos instantes en el firmamento.

No somos más que eso y ello debería ayudarnos, paradójicamente, a vivir con menos ansiedad, en la medida que estamos condenados a difuminarnos en el tiempo como los granos de arena en una playa infinita


Pedro G. Cuartango
sobre la vertical de "El Mundo"
en otro buchito "robao" al Otoño madrileño

martes, 7 de octubre de 2008

El corazón al sur

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Nací en un barrio donde el lujo fue un albur, por eso tengo el corazón mirando al sur.
Mi viejo fue una abeja en la colmena, las manos limpias, el alma buena … Y en esa infancia, la templanza me forjó, después la vida mil caminos me tendió, y supe del magnate y del tahúr, por esto tengo el corazón mirando al sur.

Mi barrio fue una planta de jazmín, la sombra de mi vieja en el jardín, la dulce fiesta de las cosas más sencillas y la paz en la gramilla de cara al sol.

Mi barrio fue mi gente que no está, las cosas que ya nunca volverán, si desde el día en que me fui con la emoción y con la cruz, yo sé que tengo el corazón mirando al sur!

La geografía de mi barrio llevo en mí, será por eso que del todo no me fui: la esquina, el almacén, el piberío … lo reconozco … son algo mío …

Ahora sé que la distancia no es real y me descubro en ese punto cardinal, volviendo a la niñez desde la luz teniendo siempre el corazón mirando al sur.

Eladia Blazquez
Sobre la vertical del Teatro Real
tras un buchito "robao" a una tarde otoñal
en un Madrid dorado
y saboreando la memoria de "papi" Alejandro

lunes, 8 de septiembre de 2008

Encrucijadas emocionales




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En la vida todo son decisiones. Tomamos decisiones insignificantes, como la ropa que nos vamos a poner o la marca de la pasta de dientes, y decisiones fundamentales, como la pareja que vamos a tener o el oficio al que nos vamos a dedicar. A estas últimas yo las llama nuestras "encrucijadas". Bifurcaciones. Cruces de caminos


Cada acto que realizamos es consecuencia de una decisión. Incluso aquellas cosas que hacemos dejándonos llevar por las circunstancias o aquellas otras que dejamos que tomen los demás, también son consecuencia de la decisión de no tomar las riendas de nuestra vida.


Todo acto tiene una consecuencia, toda decisión tiene un efecto.


Las respuestas emocionales también. Esto es más difícil de comprender por la mayor parte de las personas, porque tienen la convicción de que pueden controlar todos los aspectos racionales de su vida, tomar libremente decisiones sobre su familia, su trabajo o la ocupación de su tiempo libre, pero que no tienen el control de sus emociones.


Es como si las emociones funcionaran por libre, a su antojo. Es como si las emociones no formaran parte de nosotros mismos y tuvieran vida propia.


Hay tantas realidades como formas de verlas.


No hay realidades emocionales que no estén en nuestras mentes. Nuestras respuestas emocionales dependen también de nuestras decisiones. Tu realidad emocional es la que tú decidas que sea.


Si decides que tus emociones son autónomas de tu voluntad, entonces eso es lo que te encuentras, que tus emociones se desatan de forma incontrolada. Si decides que tus emociones forman parte de ti mismo y que tú eres el responsable de tus sentimientos, entonces eso es lo que te encuentras, que tus respuestas emocionales dependen de lo que tú decides que sea tu realidad interna.


El psicoanálisis nos ha transmitido la idea de que las emociones explotan en un inconsciente terrorífico ajeno a nosotros. El conductismo nos habla de una caja negra, en la que entran unos estímulos y salen emociones, pero no nos explican qué ocurre en el interior de la caja.


Ahora sabemos que el inconsciente no es tan ajeno a nuestras decisiones y también sabemos lo que ocurre en el interior de la caja. En el interior de la caja se producen procesos de pensamiento, y el pensamiento está basado en cómo elaboramos la realidad.


Lo que caracteriza al ser humano es la posibilidad de elección, cuando actuamos como robots perdemos esa condición y nos acercamos a las frías máquinas. Sin alma.


Si no tuviéramos la posibilidad de elegir nuestras respuestas emocionales estaríamos abocados a ser autómatas, viviríamos en un cuerpo lleno de engranajes, servomecanismos y circuitos integrados. Sin libre albedrío, somos piedras.


Lo inteligente es saber que podemos buscar alternativas a la realidad que existe en nuestras mentes, utilizar la creatividad para encontrar opciones emocionales que no nos perjudiquen. Que nos acerque a nuestros objetivos. (Para ello hay que tenr objetivos, claro, pero eso será otra entrada en este blog). Puedes elegir el color de tu camisa. Puedes elegir también sentirte de una manera o de otra. Todo depende de cómo te relacionas con la realidad que existe sólo en tu mente.


Es difícil imaginar cómo será la vida sobre la Tierra dentro de mil años. Pero lo que sí es seguro es que dentro de mil años, si el ser humano sigue en ella, todo habrá cambiado, excepto que seguirán existiendo las mismas emociones.


Usar la inteligencia no es sólo tomar decisiones racionales, es también tomar decisiones sobre la realidad de nuestras emociones. Y ser.



Reflexiones
En un verano
Sobre la vertical de la web

Breve historia del saber


Muchos seres humanos son infelices por lo que saben o por lo que desconocen. La ignorancia es una bendición sólo mientras es total; tan pronto como uno se da cuenta de que es un ignorante desea dejar de serlo. Es la famosa curiosidad que mató al gato. En el caso de la humanidad, se trata de un sentimiento profundo y esencial.

El deseo de saber, cuando comprendes que no sabes, es universal y probablemente irresistible. Fue la tentación original de la humanidad y no hay mujer ni hombre, y en especial, ningún niño, que pueda luchar contra él mucho tiempo. Pero es un deseo, como dijo Shakespeare, que más crece cuanto más se alimenta. Es imposible saciar la sed de conocimiento. Y cuanto más inteligente eres, más sed tienes.


“Breve historia del saber”
Charles van Doren

As long as I live


“As long as I live, I´ll hear waterfalls and birds and winds sing. I´ll interpret the rocks, learns the language of flood, storm, and the avalanche. I´ll acquaint myself with the glaciers and wild gardens, and get as near the heart of the word as I can”



John Muir
YOSEMITE